No sabe muy bien por qué ha contestado que su hijo no es su hijo, que es un sobrino, pero está más que harta de que en el tren le hagan siempre la misma pregunta: -¿Este niño es suyo?- , cuando se la hacen de manera casi educada. O más bien: -Este niño no será suyo, ¿verdad?-, cuando lo que hay en la pregunta es más bien una afirmación: -No es posible que el niño sea suyo.-
La misma historia en todos los viajes.
Al principio no se daba cuenta, la ligazón entre los dos es tan fuerte que en algunos momentos siente que son la misma persona y cree que quien ve a uno está viendo también al otro, que de alguna manera son casi iguales. Por otra parte es un niño muy pequeño y necesita llevarlo con ella a todas partes. ¿Cómo pueden dudar de que sea suyo? Se siente muy satisfecha y orgullosa de su hijo; el niño llama mucho la atención porque es muy guapo y además todo el mundo se lo dice.
En uno de los viajes, tuvo que sacar un espejito del bolso para revisar su aspecto. Al mirarse reparó en algo que ya sabía de sobra, y es que era una mujer muy poco agraciada, de piel y cabellos oscuros y con rasgos fuertes y pronunciados, al contrario que su hijo, muy rubio, de ojos claros y facciones proporcionadas. Esa consideración le hizo percibir casi de golpe el significado de la pregunta que le hacían con tanta frecuencia.
Al principio daba explicaciones y hasta se sentía orgullosa de haber podido engendrar a un niño tan hermoso. Más tarde empezó a sentirse incómoda, y por otra parte no quería dar importancia al asunto, al fin y al cabo siempre puede haber personas insolentes y crueles, no podemos pretender que todas sean amables y consideradas. Procuraba actuar con naturalidad y hacía como que no entendía.
Ella misma se sorprende cuando se oye a sí misma decir: -No, no es mío, es el hijo pequeño de mi prima.-
Juan 14-11-2010
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